Capítulo treinta y tres. La mujer que amas
La mujer que amas
Victoria cerró los ojos, luchando para que las lágrimas no se derramaran por sus mejillas. Tratando de evitar que el dolor rompiera su corazón, pero era tarde. Aquella imagen la atravesó como si fueran miles de cuchillas abriéndose paso por su piel, llegando a su corazón e hiriéndola tan profundamente.
—Él no es tuyo —susurró tan bajito, para que nadie pudiera escucharla.
Victoria se giró sobre sus pies y caminó hasta el final del pasillo por el lado contrario, fue hasta la ca