— En esto, soy más honesto que tú.
Paula no se enojó; su sonrisa estaba tan fija en su rostro como si estuviera pegada.
Su tono seguía siendo suave: — Esta noche, dejemos que se aclaren los malentendidos de antes, y mañana, que surjan nuevos malentendidos.
Fuera, el dueño del escape room miraba las cámaras de seguridad y le comentó al empleado que estaba a su lado: — Estos dos son unos valientes, los fantasmas llevan un buen rato rondando, y ellos siguen tan tranquilos, hablando como si nada.
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