Tuve un sueño.
Y, para colmo, fueron pesadillas.
Finalmente, soñé con mi abuela, quien me hablaba con ternura.
Sin embargo, no lograba entender lo que decía.
Parecía que estaba despidiéndose de mí.
Pero, ¿por qué tendría que hacerlo?
—¡Abuela, no te vayas!
La vi alejarse y, en mi sueño, grité y corrí tras ella.
Aunque ella caminaba despacio, no lograba alcanzarla.
De repente, la escena cambió y, al dar un paso en falso, desperté de golpe.
—No te muevas.
Estaba empapada en sudor frío y una fuerza