Tempestad sonrió y dijo: “¿No te desagradaba que no tuviera robots inteligentes? Y de los que cuestan 99 dólares”.
La expresión de Jenson era de derrota. “¿Cuánto falta antes de que pueda irme a casa?”.
Tempestad estaba un poco confundido.
“Bueno, depende del tiempo de vacaciones de la escuela”.
Jenson lo miró con recelo. “¿Por qué estás nervioso?”.
Tempestad refunfuñó: “¡No lo estoy!”.
Jenson dijo: “Obviamente lo estabas”.
Tempestad replicó: “Lo que digas”.
Jenson se quedó sin habla.
É