Angeline resopló de repente y se dirigió hacia Jay. Puso una mano en la ventanilla del coche. Al oír el clic de la puerta, la expresión de Jay cambió.
Al momento siguiente, Angeline había arrancado la puerta de su coche.
Los ojos de Jay se abrieron de par en par.
¡Esta chica!
El viento entró en el coche y Jay sintió que se le helaba la sangre con cada chorro de aire frío.
Atónito, miró fijamente a Angeline. "¿Qué quieres?", preguntó impaciente.
La mirada de Angeline estaba llena de h