Angeline dijo, “Yo nunca me rendiré a menos que me mates a golpes”.
Jay se veía furioso. Él se agachó para recoger una piedra del suelo y se la tiró al pliegue de la rodilla de Angeline.
Las rodillas de Angeline se entumecieron y ella se arrodillo en el suelo con una rodilla. Tormenta esposó sus manos cuando vió lo que pasó.
Angeline levantó las esposas y pisoteó el suelo. “¿Qué significa esto Señor Ares? ¿Tú me odias, no es así? ¿Por qué no me dejas irme tan lejos de ti como sea posible?”.