Rose agarró la mano de Jay y se la puso en la cara.
Las pupilas de Josephine se dilataron mientras miraba a Jay con horror en los ojos.
Si su hermano mayor lo toleraba esta vez, se comería su pie para el desayuno.
Jay no enfurecio. En cambio, le dio los dedos que le quedaban, acariciando su rostro rojo como una remolacha.
Preguntó con ternura: "¿Sabes de quién es esta mano?".
"Lo sé", murmuró Rose.
"Jaybi".
Josephine soltó un grito: "¡Ah!".
Se tapó la boca y miró a Jay, aterrada.
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