Después de una larga y agitada noche, Angeline y Jay solo pudieron dormir un rato antes de que volviera a amanecer.
Preocupado por su madre, Jay terminó su desayuno a toda prisa y se apresuró en ir al hospital.
Esta vez, Angeline no insistió en ir al hospital con él. Jay miró a Angeline con sorpresa. “¿No... quieres venir conmigo?”.
Angeline le agitó la mano y dijo con desprecio: “No voy a ir. Mi presencia no favorecerá la recuperación de tu madre”.
Jay le acarició la nariz y dijo: “Qué buen