Jay ya no podía controlar su amor por Angeline. Sería un tonto si alguna vez se rindiera de ella. Estaba claro que él y Angeline eran almas gemelas. ¿Por qué deberían restringir su amor mutuo cuando todo lo que hacía eso era llevar a malentendidos? Ambos estaban sufriendo y vagando en desesperación y autocompasión.
Pensó para sí mismo: ‘¡Soy el idiota más grande del mundo!’.
Besó a Angeline apasionadamente como si el diablo dentro de él se hubiera liberado. Angeline todavía estaba débil y pron