Angeline se acercó al Tío Andy con expresión hosca y le preguntó: “Dime, Tío Andy. ¿Cuánto te pagaron por traicionar a Gran Asia?”.
El anciano parecía un poco angustiado. “¿De qué está hablando, Srta. Severe? ¡Nadie me dijo que hiciera esto!”.
Una mueca de desprecio cruzó por los ojos de Angeline. “Oh, Tío Andy. Cualquier empleado de Gran Asia tiene derecho a acusarme, pero tú no”.
El Tío Andy estaba desconcertado.
Angeline continuó: “Desde que enfermaste gravemente hace dos años, Tío Andy,