DOMINIC THORNE
El agua de la piscina seguía agitándose suavemente a nuestro alrededor, derramándose hacia el océano allá abajo. Pero, para mí, el mundo entero acababa de detenerse. El sonido de las olas, el viento cálido, el grito distante de un ave tropical... todo desapareció.
Lo único que existía en el universo era el rostro de Grace, a pocos centímetros del mío.
— ¿Qué? ¿Escuché bien? — Su voz era solo un susurro quebrado por la sorpresa, el miedo y una frágil esperanza. — ¿Qué dijiste, Dom