DOMINIC THORNE
Observé el rostro de Grace con fascinación. Fue un verdadero viaje de emociones: primero la confusión, el ceño fruncido intentando entender. Después, la lenta comprensión, las mejillas sonrojándose furiosamente. Y, por último, la sorpresa absoluta, abriendo la boca en una "O" perfecta.
— ¿Las... las manos? — tartamudeó, con la voz quebrada. — ¡Dominic! Eso es... pero, ¿y tu reputación?
Le apreté más la cintura, manteniéndola pegada a mí, sintiendo su corazón latir desbocado contr