GRACE REED
El auto de Dominic siguió hasta la entrada del Hotel Plaza y lo que vi a través de los vidrios oscuros hizo que se me hiciera un nudo en el estómago.
Había decenas, tal vez cientos de fotógrafos amontonados detrás de las cuerdas de terciopelo rojo. El flash de las cámaras creaba un efecto tan constante, que hacía que la noche pareciera de día.
Mis manos empezaron a sudar frío.
— Dominic... — Mi voz salió en un susurro quebrado. — Hay mucha gente. No sé si pueda hacer esto.
Dominic ap