El señor Edgardo me ayudó a acomodar el refri, me sentía tan realizada en estos momentos
- a qué es muy lindo?-
le pregunté y el empezó a reír
- linda la jalada de pelo que le diste a esa mujer, no creo que vuelva a meterse contigo -
yo le sonreí un poco
- esa era la idea -
le comenté
- ya me voy, te dejo con tu refri, que lo disfrutes mucho -
yo asentí y me despedí de el.
*
en horas de la tarde papá llegó del trabajo, yo había hecho algo de comer y ya estaba todo limpio
- Gabriela! no puedo cr