El último día del fin de semana. El domingo había llegado con fuerza, trayendo no solo un calor abrasador, sino también a la familia de Alyssa a la capital.
— ¡Hola mama! — Alyssa gritó desde el interior de la piscina cuando vio a la señora que venía por la parte de atrás del jardín.
Marcélia sonrió sintiendo que su corazón se llenaba de alegría al ver por fin a su hija allí. No es que Alyssa hubiera dejado de serlo, pero la adolescente tras el coma no era la mejor versión de su hija.
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