—¿Agradecerme qué, perra de m****a? —escupió—. ¿Que matara a tus hijos? ¿Te burlas de eso? ¡Vuelve a sonreír, maldita enferma!
Aunque aquellas palabras le desgarraron el corazón, Mel mantuvo intacta su máscara de hielo. El dolor por sus hijos continuaba sangrando dentro de ella, pero sabía que debía