Tadeo giró la cabeza, sonrió con burla y luego atrajo a Melanie contra su cuerpo para dejarle claro lo que pasaba.
—¿Tu mujer? —repitió con total arrogancia, dejando escapar una risa seca y cargada de desprecio—. Nunca lo fue, Martín. Acepta de una maldita vez que jamás te perteneció. Para eso tenía