Tadeo la recibió con una delicadeza casi sagrada, como si temiera que pudiera desaparecer entre sus manos. Ella le sonrió y ocupó su lugar a su lado.
El sacerdote comenzó la ceremonia . Mel y yo cruzamos una mirada cómplice y una sonrisa apareció en nuestros labios.
Resultaba difícil creer que la vi