—¡Ya basta! ¡Cállense los dos! —gritamos Mel y yo al mismo tiempo, perdiendo la paciencia.
Mi hermana respiró hondo y tomó mi mano, ignorando a nuestros prometidos. Después me miró con una sonrisa llena de emoción, como si acabara de encontrar la solución perfecta.
—¿Qué te parece si hacemos una bod