Mi hermana apretó mi mano y respiró hondo antes de responder, algo avergonzada por admitir cuánto odiaba ese puesto.
—Tú eres la más adecuada para dirigirla, Cata —confesó con sinceridad—. Sabes que yo nunca quise ese cargo. Jamás me gustó pasarme el día encerrada entre cuatro paredes y todos esos n