—¡Y aunque tenías el diagnóstico delante, aunque sabías que estaba al límite, la dejaste regresar a ese infierno una y otra vez con la excusa de respetar lo que ella quería! ¡Tú tampoco te salvas, Tadeo! ¡Tus manos están tan manchadas como las mías!
La habitación quedó en silencio. Ninguno de los do