—¡Desfibrilador, adrenalina y todo listo ya! —ordenó Elías sin perder un segundo—. ¡Muévanse! ¡Resiste, amigo, por favor, resiste!
Pero Tadeo ya casi no escuchaba nada; lo último que alcanzó a ver fue la imagen de Melanie sonriendo en la pantalla agrietada, pequeña y lejana, antes de que todo se le