Intenta murmurar algo, solo se oyen sonidos guturales, como si tuviera tierra en la garganta. Sus ojos llenos de lágrimas parecen decirle que no tienen la culpa de nada… pero Martín se ríe. Una risa seca, cruel, que rebota en las paredes del sótano.
—¿Quieres que los salve? —pregunta, agarrándola po