Martín la miró un segundo más, no sintió pena, no encontró consuelo en verla así, solo vio un reflejo tarde, demasiado tarde, de lo que él ya llevaba roto por dentro…
—Me arruinaste la vida… me arruinaste lo poco que pude haber tenido…
—Martín… hijo…
—¡Yo no tenía problema en vivir a la sombra de Me