Hemos perdido a Jai… No quiero creerlo…
Mis ojos arden de lágrimas mientras miro fijamente a Zade, quien me observa con una sonrisa burlona que no llega a sus ojos.
‘¿Lo sientes? ¿El dolor de que te arrebaten todo? Bienvenido a mi vida’, dice Zade sin aliento, mientras se pone de pie.
Por una fracción de segundo, su ojo bueno parpadea a gris antes de que él se encoja de hombros, limpiando la sangre de una de las muchas heridas que le he infligido.
A diferencia de él, apenas me han herido. Él