"Seb estoy tan asustada. Por favor, quédate conmigo esta noche", me suplica, con las lágrimas cayéndole por la cara.
Frunzo el ceño y miro el cielo nocturno a través de la pequeña ventana que permanece abierta.
"Annalise...".
"Seb... ¿Por qué ya no me llamas Ana?". Susurra cuando lentamente desenredo sus brazos alrededor de mi cuello.
"Los tiempos han cambiado, Annalise... ¿Quizá deberías intentar descansar un poco? Sé que el lugar no es tan agradable como la mansión, pero ahora mismo pap