Jeff parecía asustado, pero la mirada tranquila y burlona en su rostro nunca se desvaneció.
“No puedo demostrar mi inocencia”.
“Tampoco hay necesidad de que haga tal cosa”.
“¡Si tanto quieres culparme de esto, entonces dispárame de una vez!”.
“¡Si te muestro un solo ceño fruncido ahora mismo, no seré más que un cobarde!”.
Jeff cogió una copa de vino Lafite de 1982 que había sobre la mesa y dio un gran trago.
Entonces abrió sus brazos, con una sonrisa en la cara.
“Creo que el mundo es just