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Capítulo 90. El santuario bajo las olas y el despertar de una nueva estirpe
El cuarto día no amaneció con el resplandor directo del sol sobre los párpados, sino con una luz filtrada, un azul cerúleo y eléctrico que envolvía el camarote sumergido del yate. Fernanda abrió los ojos lentamente, sintiéndose como si habitara un sueño dentro de otro sueño. A través de los paneles de cristal reforzado que conformaban las paredes de la habitación, el océano Índico se mostraba en toda su gloria.
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