—¿Qué pasó aquí? —soltó en un hilo de voz, ¿qué hacía ese hombre tirado en el suelo?
—Mi esposa le disparó. —dijo el gigante con tono de orgullo.
—¡¿Esa cosita, hizo eso?! —masculló aterrado.
—¡Oye! Esta cosita es más peligrosa de lo que imaginas —se defendió con una sonrisa mientras seguía aplicando los brillitos al hombre.
—Lo que pasó es que, me la encontré en la calle, me encontró más bien. Al llegar, la carpeta no estaba, la ventana estaba entreabierta con un trozo de tela en ella.
—Yo vi