—Me comprometo a ser su lazarillo hasta que se encuentre bien, —dijo, parecía una niña bien regañada—. Todas nos turnaremos durante su convalecencia.
—Es lo mínimo que podrían hacer. ¡Todas ustedes!
Ahora nosotras también bajamos la cabeza, vimos a Benjamín llegar y Maju fue la primera en abordarlo. Nos dirigimos a su encuentro.
—Tranquilos, ya está consciente. No se encuentra grave, pero si muy adolorido, debemos agradecer que el carro tal vez no iba tan duro.
—Tenía mucha sangre. —intervino D