El hombre se me quedó mirando y no tuve más remedio que soltar una carcajada. Toda mi vida la había pasado solo, me preparaba mi propia comida, lavaba la ropa, la planchaba de ser necesario, entre mi sobrino y yo hacíamos el aseo de la casa en donde vivimos. Nunca había tenido una empleada, me dio picazón en el cuello, no estaba acostumbrado a que me atendieran. Volví a afirmar y al ser más consciente de lo que pasaba entre dientes comenté.
—Bien —debo aparentar poderío, me dije.
—Mañana a prim