Respiro profundo, porque sé que debo priorizar mi salud y la de mi bebé. Por eso, aunque todo me desagrada, intento no alterarme y mirar al hombre que no deja de decepcionarme, hasta que finalmente le sonrío.
— Elise... estoy ocupado, así que, ve a casa. Después hablaremos. — dice él superando fácilmente el pánico que sufrió cuando percibió mi presencia.
— Tranquilo, solo quería comprobar algo. — digo mirando con frialdad.
— Bueno, si ya comprobaste algo, puedes marcharte. — dice Reymond.
—