POV DE ISABELA RIVERA
El frío de la Unidad 4 no era solo ambiental; era una presencia física que se enroscaba en mis pulmones, convirtiendo cada aliento en una astilla de hielo. Mis ojos estaban fijos en el regazo de Javier Zamora, específicamente en el pequeño conejo de felpa azul con una oreja deshilachada que Mateo no soltaba ni para dormir. El contraste entre la inocencia de ese juguete y la figura decrépita pero imponente de Javier, sentado en la penumbra del laboratorio desmantelado, era