97| Odio.
Todos en la sala se tensaron de golpe, Helene observó como los hombros de Itsac se pusieron tensos, el entrecejo se le apretó al igual que los puños. Respiró como un toro herido y acorralado mientras se giraba hacia Amadeus y daba dos pasos al frente, pero Arnau apoyó una mano en su pecho y lo detuvo con dificultad, Itsac había perdido peso y energía durante el secuestro, pero aún así al mayor le tomó un poco de esfuerzo detenerlo.
— No vale la pena — le dijo. Varios hombres del esquema de segu