- ¡BASTA ANNALENA! ¡CALLATE! – Gritó Lorelei al ver que mis ojos comenzaron a inundarse de lágrimas y, prácticamente, me había quedado sin voz para emitir alguna palabra.
- Señora Müller, me va a disculpar, pero ¿Realmente este es el motivo de su visita? ¿Acaso no está siendo usted demasiado irrespetuosa?
Estamos en un funeral, aquí dentro descansa nuestra familia y creo que sería lamentable, que esta escena, sus palabras y acciones se colaran a la prensa en Nueva York, así que, si ya terminó