Jaime tomó un sorbo de su bebida y miró a Julio, quien se había acomodado justo en frente.
—He venido a comer. ¿Qué otra razón podría haber?
—Si María te viera, a lo mejor no pensaría lo mismo —replicó Julio, poniendo los ojos en blanco. A María le molestaba un montón que Jaime la estuviera vigilando todo el tiempo, pero él parecía incapaz de controlarse.
Jaime frunció el ceño ante ese comentario.
—¿Qué andáis tramando Sofía y tú? ¿Me estáis desafiando a propósito?
Hasta un tonto notaría lo qu