Cuando Sofía estaba a punto de sacar su teléfono para comprobar si había mensajes, apareció ante ella una caja de regalo. Levantó la vista y vio a Diego sonriéndole.
—Es para ti. Espero que te guste.
—No hace falta, Diego... —Sofía se negó, intentando devolvérselo.
Pero Diego insistió. Hizo un mohín y dijo:
—No rechazaste ninguna de las cosas que te compró Antonio, pero me dices que no a esta cosita mía. ¿De verdad me tratas como a tu hermano, Sofía?
Sofía se quedó sin palabras. Si volvía a r