Desde que Renata lo mencionó, Sofía se había dado cuenta de que no podía subestimar la inminente amenaza que pronto se cerniría sobre ella.
—Marco no es tonto. Si te ve siguiéndome, sabrá que no debe hacer ningún movimiento.
—No te preocupes. Te protegeré en secreto. Sólo quiero informarte de que la dirección del bar pasa temporalmente a manos de otros para que no digas que soy una incompetente —dijo Renata mientras sacaba la lengua juguetonamente. Aprovecharía la ocasión para darse un respiro