Llegada la noche, en la suite de un hotel, Paloma se sirvió una copa de vino tinto y la bebió sin saborearla. Observó el bullicio del tráfico desde la ventana y dejó escapar una risa irónica.
—Paloma, querías el mundo, pero al final te quedaste sin nada —murmuró para sí misma.
Aunque no estaba dispuesta a rendirse, se preguntaba qué podía hacer en esa situación. La familia Cruz se había desmoronado y Bruno le había pedido el divorcio. No le quedaba nada. Cuando Juliana llegó, Paloma ya estaba un