Al instante, Julio intentó marcar de nuevo el número de teléfono de Sofía, pero, por muchas veces que llamara, todos sus intentos fueron en vano.
Sólo podía enviar a sus hombres a localizar a Sofía e intentar averiguar qué había ocurrido.
En la campiña del DF, Sofía se despertó por los escalofríos que sacudían su cuerpo. Estaba medio sumergida en un río burbujeante en medio del bosque.
Qué suerte tuvo de no abrirse el cráneo al caer, pero también de que la corriente del río la arrastrara hasta l