Sofía quería responder afirmativamente, pero no estaba de humor para abrazar su dolor en este momento.
—¿Qué... qué estás haciendo aquí?
Se podía imaginar a Antonio o incluso a Julio buscándola, pero no a Diego, al que hacía siglos que no veía.
Diego la dejó suavemente en el suelo y volvió a agacharse.
—Llegaremos a eso más tarde. Vamos, súbete.
Llevarla a cuestas sería más fácil que llevarla de princesa.
—Está bien. Sólo tienes que ayudarme a caminar. —Aunque habían crecido juntos, ella aún m