A medida que el cielo se iba oscureciendo, Sofía se volvía cada vez más consciente de las desfavorables probabilidades que enfrentaba. No parecía haber una escapatoria posible en esa parte densa del bosque. A pesar de ello, se rehusaba a rendirse. Estaba segura de que Antonio la estaría buscando, y debía mantenerse firme hasta que la rescataran.
Apretando los dientes, continuó avanzando. Le daba igual dónde terminara, siempre y cuando no cayera en manos de aquellos despiadados mercenarios.
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