Sofía se detuvo y suspiró, exasperada:
—¿Sí? ¿Ahora te toca pelear conmigo?
Amalia retrocedió cuando Sofía empezó a chasquear los puños:
—No soy rival para ti. Ahora déjame en paz o la próxima vez no recibirás solo una advertencia. —espetó Sofía.
Esta vez, Amalia se quedó atrás mientras Sofía se dirigía a su coche. Sabía lo peligrosa que era aquella amenaza.
Sofía estaba a punto de volver a casa cuando alguien se acercó a la puerta de su coche:
—¿Renata? Sigues aquí —exclamó sorprendida.
Rena