Las frustraciones de Julio se aplacaron con una buena taza de café deslizándose por su estómago.
—Habla.
Sofía asintió y enderezó la espalda. Miró fijamente a Julio a los ojos cuando dijo:
—Has perdido la memoria, ¿verdad?
Julio enarcó las cejas y en sus ojos brilló la ira.
—He llamado al abuelo y a Jaime. Por sus palabras he deducido que, efectivamente, has perdido la memoria —continuó Sofía antes de que él pudiera hablar. Lo miró fijamente, intentando detectar cualquier cambio en su expresión