Julio se quedó callado. Sofía sabía que estaba furioso, pero dijo:
—¿Y bien? ¿Qué va a ser?
Ya se había decidido a verle, aunque él se negara. Pasara lo que pasara, tenía que hablar con él hoy.
—Bien. Tú ganas.
Sofía salió victoriosa. Julio necesitaba la ayuda de los López.
Acordaron un lugar de encuentro y él colgó. Se dio la vuelta y volvió a entrar en el restaurante.
Se sentó en su sitio y empezó a hablar con el cliente como si nada hubiera pasado. Lucía le echó miradas furtivas, pero no se