—Todo esto es mi equipaje, Rodrigo. Lo ordenaré rápidamente —dijo Juliana.
Cuando se disponía a recoger su equipaje, Rodrigo la empujó al suelo y la miró con desdén, sin ocultar la repugnancia de sus ojos.
—¡Vaya! No estarás pensando en compartir habitación conmigo, ¿verdad?
—Rodrigo...
Juliana se sentía incómoda, sobre todo con el comportamiento actual de Rodrigo. Le dieron ganas de salir corriendo.
—Ve a los aposentos de los sirvientes abajo. Ahí es donde está tu habitación.
Rodrigo ni siquier