Bruno asimiló con impotencia lo que Sofía había dicho. Era tajante e implacable en sus palabras, incluso cuando la persona a la que se dirigía era su padre.
—Sé que estás enfadada, pero Juliana sigue siendo mi hija, al fin y al cabo. Aunque se equivoque, no puedo abandonarla.
Bruno sonrió amargamente, pensando que al menos debería hacer lo que se espera de un padre en esta situación.
Sofía parecía solemne, pues estaba decepcionada con la decisión de Bruno.
—Si alguien tiene que pagar el precio,