Juliana se negaba a marcharse, pues sabía lo que le esperaba en casa. Sin embargo, no consiguió liberarse del agarre de Paloma y no tuvo más remedio que ser arrastrada hasta su casa.
De camino a casa, Juliana lloraba en el coche.
—Mamá, ¿por qué nos hemos tenido que ir? Deberíamos pedir ayuda al tío Gonzalo y a Leo, que seguro que nos ayudan.
Paloma ya estaba bastante frustrada, y el llanto incesante de Juliana la sacaba de quicio.
—¡Deja de llorar!
Juliana quedó desconcertada tras ser amonestad