Fue tanta la presión que el bolígrafo que Jaime tenía en la mano se quebró por la mitad, inmediatamente llamó a sus guardaespaldas.
—¿Dónde está? —preguntó, con la sien palpitando a mil de furia.
—La Srta. Rodríguez está en el baño con la Srta. López, señor—respondió el guardaespaldas, ajeno a lo que estaba ocurriendo.
A Jaime lo encegueció aún más la ira al suponer lo que ya había ocurrido.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? — indagó con insistencia.
El corazón del guarda se desplomó al caer en cu