En cuanto aquellas palabras salieron de la boca de Julio, Fabián se puso rígido, mientras la expresión del viejo señor César se tornaba solemne.
—¿Qué quieres decir, Julio? ¿Te ha hecho algo?
El viejo señor César se había prometido perdonar todas las tonterías que su hijo había hecho en el pasado, siempre y cuando nunca hiciera daño a Julio, pero ahora...
—No digas tonterías, Julio César. ¿Cuándo he intentado matarte? Conociendo la personalidad de su padre, Fabián se obligó a mantenerse firme.